Educación Intercultural Bilingüe en Perú (EIB):Una evaluación crítica

©Heinrich Helberg Chávez 2024

La educación intercultural bilingüe en el Perú ha tenido un perfil bajo, regida por un concepto de diálogo de saberes, más bien compatible con la pedagogía popular, que con las necesidades de comprensión intercultural de las culturas despertadas por el roce espontáneo entre culturas y las indagaciones antropológicas. Y que evade los conflictos fundamentales, las divergencias de forma de vida, cosmovisiones y religiones porque no son tratables a nivel de aula escolar.

Siempre se tuvo que luchar contra el fantasma de convertirse en un sistema educativo paralelo e inferior al oficial enteramente orientado a la globalización. Y se dio por descontado que la educación intercultural bilingüe sería la inferior, obviamente con malos argumentos o solo por prejuicio, porque la educación intercultural incluye a los excelentes colegios de embajada, que tienen los mejores resultados del sistema nacional y además porque contiene en sí misma el encargo de generar una epistemología inclusiva que supere los límites de las ciencias, de la filosofía y las matemáticas, culturalmente determinadas por la apuesta cultural de la Modernidad; ahora criticada por limitada y porque mistifica la realidad. Y entonces la interculturalidad no se deja atrapar por la mirada hacia lo indígena, sino que apunta a una nueva globalización que es internacional y responde a las necesidades humanas globalizadas.

Recordemos que la visión científica del mundo varía en ciertos puntos de la visión cotidiana de la vida:

  • Tiene una noción de experiencia más estricta, básicamente para defenderse de los fenómenos paracientíficos y de la magia, extirpándolos en lugar de explicarlos – lo que hubiera favorecido la convivencia
  • La ciencia explica lo particular por medio de generalizaciones sin excepciones llamadas leyes naturales; esa es su principal apuesta cultural
  • Apuesta por la consistencia lógica, sin caer en cuenta que ésta se basa en la conformidad a la costumbre – al condicionamiento psicológico
  • La noción de mecanismo es esencial a la visión de la ciencia; lo que no es un mecanismo o no se deja explicar por mecanismos, es dejado fuera de consideración
  • Se asume que las matemáticas son el lenguaje de la naturaleza
  • Y que la naturaleza es simple.

Y obviamente está en problema epistemológicos serios:

  • Mientras que una visión cotidiana ampliada con una hermenéutica permite incluir lo extraordinario y la manipulación simbólica como parte de la gestión socio-ambiental, la alternativa científica que interpreta la percepción y el intelecto humano como actividad cerebral directamente, no cae en cuenta que tanto la percepción como el uso de nociones se sustenta en criterios y usos sociales, no directamente de la información cerebral; y que la percepción como fenómeno natural solo distingue lo mínimo: igual o distinto. El resto lo hacen convenciones sociales.
  • La Naturaleza tiene que velar por sí misma, como lo hacen las formaciones sociales y el lenguaje cotidiano – no dependen del conocimiento teórico- contemplativo y sus regularidades no resultan de la aplicación de reglas: se auto regulan de forma práctica.
  • La noción de una práctica social auto regulativa hecha una luz sobre cómo opera la lógica de la Naturaleza, o si se prefiere, nos permite hablar de los lenguajes de la Naturaleza.
  • Esos lenguajes pueden ser en sus extremos, deterministas o no serlo, ser caóticos. En un caso domina la causalidad, en el otro está sujeto a las reglas probabilísticas de la casualidad. Nuestro universo parece estar dominado por un orden, que genera constelaciones de estrellas en movimiento y a altas velocidades, que sin embargo permite excepciones en su configuración (hay varios prototipos de constelaciones) que se explican por las historias individuales de esos elementos particulares, tales como su composición química, la dirección en que rotan, diversos ejes de rotación, órbitas elípticas extremas, entre otros, que provocan diferencias por ejemplo en los campos magnéticos, que se dejan medir en el caso del Planeta Tierra o calcular para otros cuerpos siderales.
  • Reconocemos que la consistencia lógica se basa en las expectativas que crea la fuerza de la costumbre a partir de un modelo de posibilidades de lo real. Las posibilidades se dejan medir en probabilidades de existencia.
  • Las prácticas, sin embargo, no se dejan reducir a modelos matemáticos, porque el consenso propio es el que decide qué es regular y qué irregular, qué está permitido y qué no, y cuál es la tolerancia a la innovación – y no hay regla externa para ello.
  • El objetivo final es entender la lógica de la Naturaleza, los procesos generales, pero también los dependientes de contextos y poder elucidar y entender los fenómenos particulares, que como particulares se explican por sus historias.

La relevancia de la reflexión epistemológica para la pedagogía radica en que la formación de la persona tiene que discutir e incorporar no solo el conocimiento nuevo sino las epistemologías nuevas y la exploración en nuevos mundos y culturas, responder y estar atentos a los cambios. El no hacerlo, trae como consecuencia inmediata la subordinación inconsciente a una de las epistemologías, la que domine en ese contexto social, y por ende de la libertad humana.

El resultado se manifiesta en conflictos que se derivan de prejuicios cuando se absolutiza la visión de la vida propia, y se naturaliza esa visión o se deifica, y entonces se ha perdido la libertad y la condición humana: ya no se vive la vida como opción, sino que se la vive como destino impuesto por guerras, catástrofes, poderes divinos etc.

La educación intercultural fue condescendiente en términos políticos, puesto que se articuló al sistema educativo, y las organizaciones indígenas demandaban que sea el estado quien proporcione una educación de calidad, y entendían por ello, que fuera intercultural bilingüe, lo que era y sigue siendo una petición contradictoria, porque el interés nacional lo definen los organismos del estado algo simplistamente por la unidad de la nación (aplicando patrones lógicos occidentales) y por la necesidad de incluirse en la globalización internacional. Eso implica imponer patrones culturales unificadores. Las políticas de reducción de brechas son resultado de eso, puesto que imponen las normas culturales occidentales e internacionales, con el cuento de la igualdad democrática y eso no solo es impositivo sino etnocéntrico. La política de reducción de brechas impone las normas propias como ideales y peca así de etnocéntrica. Y eso incluye los medios de reflexión, es decir el tratar de resolver las diferencias racionalmente, con lo cual termina imponiéndose la cultura occidental por un acto de fuerza. En lugar de reconocer que hay distintas modalidades de gestión social y que la planificación y racionalización son solo una de ellas.

Por eso hay que reconocer que la diferencia entre las culturas es mucho más profunda de lo que jamás pudimos suponer por la similitud de las apariencias, pero que en eso justamente radica su valor: solo explorando y aceptando esa diversidad como fuente de riqueza podemos acercarnos a ser humanos plenos. Y de eso la cultura globalizada está todavía muy alejada.

Hasta el 2002, año de publicación de mi libro: Pedagogía de la interculturalidad, nadie había propuesto que la unidad de una nación ecléctica solo podía resultar de un ejercicio sistemático de alianzas políticas y del diálogo intercultural. Algo que todavía no se acepta y no se practica y el resultado es la incoherencia social y el enfrentamiento que vivimos – no solo con los pueblos indígenas, sino con todos aquellos que sufren al estado como imposición y que obviamente no van a ceder ni acomodarse, sino que los conflictos van a agudizarse: véase el desacato a la policía y al orden jurídico, va in crecendo.

En términos cognitivos, la intercomprensión exige generar sistemas cognitivos capaces de superar las limitaciones que todos los sistemas de conocimiento tienen, lo que requiere de una reflexión epistemológica profunda y que no se satisface con un intercambio cultural o diálogo de saberes, porque tiene que tocar los aspectos profundos de las culturas y ofrecer a los miembros los medios intelectuales para adueñarse de sus culturas, religiones y sistemas de conocimiento, de forma crítica que les permita tomar decisiones pensadas y libres sobre ellos mismos. Esa función la cumple la epistemología intercultural que plantea Helberg (2017) para superar los problemas históricos de la epistemología occidental que solo apuesta por las ciencias y la construcción del conocimiento objetivo como objetivo. Que es cuestionable por varias razones, pero básicamente por estar subordinada al poder, por etnocéntrica y porque nos aparta del conocimiento genuino, el dedicado a la comprensión de la naturaleza.

No es ni debe ser la razón abstracta, la que alimenta a las ciencias y la filosofía de corte occidental, la conductora del proyecto intercultural, porque ésta es parte de una de las propuestas culturales, la de la cultura occidental moderna, que hereda decisiones filosóficas desde la Grecia antigua, que son justamente parte del conflicto, porque colisionan con las otras herencias culturales de los pueblos que no apostaron por la razón abstracta ni por la identidad única y el conocimiento general, sino por formas de conducción social prácticas y simbólicas. Y que gestionan su realidad con medios simbólicos o prácticos. Es decir, la razón pura, para usar el término kanteano es parte del problema, y no puede y no debe ser juez y parte del proceso crítico. Está en el banquillo de los acusados. (Y el derecho internacional es una aplicación de la razón pura, como se sabe las Naciones Unidas son el resultado de la propuesta de Kant de crear un gobierno universal. El problema es que el derecho internacional no es intercultural).

Por eso es por lo que se necesita de una reflexión basada en el sentido común – el de todos – que sea capaz de analizar y comprender todas las prácticas humanas cognitivas, y no solo las humanas sino todas las de los seres vivos, y todas las formas de gestión ambiental y sus marcos de referencia, por ejemplo, en nichos y sistemas ecológicos. Se trata de valorar a cada una en la unicidad de propuesta y por ende en sus contextos y no solo de forma general.

Y esa reflexión tiene que partir por aceptar la razón práctica, la que puede explicar las costumbres, instituciones, los mitos, las historias, los rituales en el marco de la gestión ambiental y de contextos prácticos como las curaciones o los rituales que relacionan a las personas con las cosmovisiones que regulan las acciones y costumbres, una razón, por cierto, muy distinta de la razón teórica, que todo lo convierte en conjetura, y por ende en cuestión de verdad o falsedad y que está ciega a otras formas de confirmación práctica. De las que está, sin embargo, llena la historia de la especie. Porque las cosas funcionan y esa es base suficiente para actuar de esa manera: tan simple como reconocer que un fruto es una manzana al morderlo y percibir su sabor y los olores.

Ese es el conocimiento práctico en acción. Y si tratáramos de justificar todo con razones no podríamos ni dar un paso, ni pasar la comida.

El cuestionamiento de la realidad supone siempre que no se cuestione otras partes, no es generalizable, como la duda no es generalizable. Por eso solo tiene sentido para fines específicos y su aplicación es plausible en esos límites.

La teoría no es la única forma válida de conocer, y la praxis no es siempre la aplicación de la teoría. La praxis puede ser autónoma: se nos introduce al conocimiento de forma práctica, la elicitación del conocimiento puede ser práctica y los fines también. Los objetivos no tienen que ser siempre: llegar a conocimientos generales, ese es el prejuicio de Occidente, sino que pueden tratar de grupos parciales o casos individuales, los llamados conocimientos particulares. Todo tiene sentido para la vida humana y para la sostenibilidad de la Vida en el Planeta. La naturaleza misma, por ejemplo, no usa de clasificaciones o de la noción de especie: los sistemas genéticos y para genéticos funcionan y funcionan de forma ecléctica, y además con individuos, no por especies. Antiguamente se pensó que la especie era una barrera infranqueable para la reproducción sexual, pero no es cierto o solo parcialmente. Estamos llenos de crías inter-específícas en los zoológicos, y si eso funciona, simplemente hay que tomarlo en cuenta.

Los usos de lenguaje están atados a los propósitos humanos, son finales. Y los usos son diversos y complejos: hay un uso racional, y usamos criterios racionales para hacer distinciones y para escoger fines y deseos, pero también nos basamos en los comportamientos espontáneos que caracterizan a ciertas nociones, como la risa, el dolor, la desesperación o las ganas de hacer algo. Las experiencias características adquiridas en la infancia sirven de núcleo semántico. Pero es la experiencia, no una imagen mental; esas no existen. En su lugar usamos las habilidades para explicar términos con palabras cuando así lo requiere la ocasión. El espacio, el tiempo, la causalidad ingresan a nuestra experiencia y al lenguaje, porque son nociones que se organizan con los criterios (y razones) del leguaje, no porque sepamos algo de ellos o que tengamos una teoría implícita. Y nos basamos en respuestas emocionales y también en ilustraciones gramaticales: aquellas imágenes que nos pintan simbólicamente una situación que explica una noción, como el correr del río para el tiempo. Y claro, finalmente hay también los usos que se basan en definiciones explicitas y son enteramente explicables y racionales.

El universo de sentido humano está caracterizado por todo esto, y quizá por mucho más que podemos imaginar e introducir: rituales que nos afectan profundamente sin que sepamos cómo ni por qué, por sueños que nos cambian la visión de nuestra vida, por la habilidad de expresar sentimientos y sentidos con danzas, cambios de colores o música. Los seres humanos se relacionan con su universo de sentido de muchas maneras.

La aventura occidental de buscar un conocimiento objetivo, transversal, en el sentido que sea intercambiable, que no esté condicionado por cualidades personales o circunstanciales, ha tenido enorme repercusión, porque ha transformado el mundo, pero no es eso lo único que hay que hacer. No solo se necesita mayor comprensión de las posibilidades de la especie y para eso hay que revalorar a las culturas y las opciones de sentido divergentes, sino también cuáles son las opciones a futuro. Las artes quizá puedan ayudar en eso o las terapias alternativas. Cuando los seres humanos se hicieron de dioses le agregaron a los espíritus de pueblo una nueva dimensión de poder, los hicieron responsables de la institucionalización de las costumbres vigentes y de los sentidos del lenguaje, le dieron una nueva dimensión universal a su pensamiento, ellos mismos se hicieron dioses, creadores de universos, e idearon formas de cómo podría suceder eso. Y eso muchas veces divinizó su tecnología. Y eso dio un carácter sobrenatural a sus técnicos curanderos.

No se trata entonces de encauzar el conocimiento en una sola vía, ni de apertrecharnos en una sola opción, sino de darle una dimensión antropológica al pensamiento, y más todavía darle la dimensión del sistema de Vida. Si es cierto, como dice G. Reichel-Dolmatoff que las sociedades humanas tienen como fin inmediato hacerse sostenibles, entonces sus sistemas de conocimiento no solo tienen que dominar las tareas de supervivencia, sino proyectarse al futuro. Así los sistemas de ideas cumplen con esta función: tienen que funcionar, ser efectivos, ser ciertos, incluir la dimensión del futuro: la sostenibilidad. La certeza tiene esa doble dimensión de ser incuestionable y de ser verdadera, en el sentido de coincidir con la realidad.

Y las sociedades humanas tienen que auto regularse para dominar esas tareas. Lo que nos da una medida para dimensionar el éxito social y cultural. Los rituales tienen que ser efectivos, las instituciones tienen que funcionar y las asunciones ser viables. ¿Qué es cierto y qué es falso, qué es verdad y qué es mentira?, eso es ciertamente materia de conjetura. Cuáles son los métodos para llegar a qué tipo de verdad y cuáles son los indicadores de éxito es algo que las sociedades tienen que establecer. Nadie puede fundar una sociedad solo sobre verdades establecidas, eso no hay. Las mayores certezas se derrumban, de manera que las creencias, las asunciones y apuestas prevalecerán: nadie pisa terreno seguro. Y los riesgos se incrementan con la complejidad de la tecnología.

Y hay que relacionar los tipos de evidencia con las asunciones: los conocimientos de distintos tipos, las asunciones de visión de mundo y de la forma cómo actuamos, las creencias, las apuestas. Y hay que tomar en cuenta la dimensión práctica en todo.

¿Qué nos ha quitado la colonia?

  • La autonomía política como pueblos
  • La autonomía de las instituciones: la familia, el derecho, la educación, la economía, la salud y su sometimiento al estado moderno y su sometimiento a modelos extranjeros inadaptados a nuestra realidad)
  • La inocencia: introduciendo la sexualidad pecaminosa que subordina la mujer
  • Han convertido los dioses en demonios, las creencias en herejías
  • Le han quitado vigencia social y legal a los conocimientos y las lenguas
  • Se apropiaron de territorios y recursos – que es la razón de ser de la dominación, que hoy se denomina globalización
  • Las costumbres han sido ridiculizadas, convertidas en folklore

El superar la colonia no es solo un asunto de consciencia, un asunto intelectual, es restituir una serie de derechos reales, es compensar daños materiales, recuperar bienes culturales, y generar medidas de protección, solidarizarse con los vencidos y darles la oportunidad de desarrollarse sin venderse ni aceptar sujeciones nuevas.

Hasta la fecha la clase intelectual del país reconoce las deficiencias llamadas históricas, pero no ha propuesto las medidas para remediarlo en la práctica. Y la clase política simplemente opera como prolongación de los intereses de la globalización política y económica, en buena cuenta de la colonia. No ha desarrollado la capacidad intelectual para entenderse en su accionar y desde luego para entender al país: sus medios intelectuales no alcanzan. Y por eso sus propuestas de desarrollo no sirven, no van a elevar el nivel de vida de la población significativamente, no van a cohesionar al país, no van a crear nuevas e interesantes opciones de vida, no van a combatir las olas de criminalidad para poder sobrevivir.

Son más bien la materialización del fracaso, que ni siquiera es consciente de las tareas que debió enfrentar: como generar opciones de vida plena de sentido, incorporar la diversidad a la auto comprensión, solidarizarse con los necesitados y no dejar caer a nadie, fortalecer la creatividad para afrontar la vida de manera propia. La sociedad peruana no ha visualizado su futuro.

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